Protocolo para citar este artículo: Bernabeu, Jordi. ‘La educación social. También
Ya hace unos años que desde la Educación Social empezamos a debatir sobre la llegada del internet social y relacional (lo que hemos llamado el 2.0), iniciando espacios de reflexión en torno al impacto de esta nueva dimensión . Si bien es cierto que en muchos ámbitos profesionales (el empresarial o el publicitario) nadie cuestiona su uso, esta discusión en el entorno de la acción socioeducativa se hace más compleja: una confrontación entre posiciones resistencialistas (que no sólo críticas) y otros más proactivas (que no acríticas), la falta de criterios ‘validados entre la profesión, la facilidad con que muchas instituciones han huido del debate, la recurrente referencia a la brecha generacional, la falta de propuestas sobre la cuestión en el ámbito formativo, una necesaria desconexión de las mochilas del trabajo, etc. Muchos esfuerzos de la profesión se han centrado en analizar -y adaptarse se- los usos adolescentes y jóvenes, evidenciando la necesidad de establecer una mirada mucho más amplia y nueva para este contexto.

A propósito de estos 20 años de Cuadernos, y de la oportunidad que se me brinda, se exponen diferentes cuestiones a modo reflexión. Que permitan ofrecer elementos para un debate constructivo, crítico ya la vez integrador. Con el fin de incidir en dos riesgos evitables. Primero: no constituirse como oportunidades educativas que envejecemos con discursos convervadors. Segundo: si la digitalidad es un estado casi imprescindible, no olvidarse como pensar nuevas disponibilidades.

No se trata de un tema de dispositivos de adolescentes y jóvenes

Se trata, entre otros, de huir de la dicotomía mundo virtual-mundo real. Toca trabajar dos realidades, complementarias, fusionadas y que actúan como vasos comunicantes. La virtualidad se vuelve real, y la realidad inherentemente digital. Por lo que ya no tiene sentido hablar en términos de ‘en la vida real’ las cosas son diferentes. Las redes sociales no cumplen su función cuando se viven estas dos realidades como independientes. De hecho, esta conceptualización es una de las principales diferencias entre adultos y adolescentes y jóvenes: una significación claramente relacional, con un peso importante en cuanto a la imagen y donde cada vez más se dispersa la Fini línea roja que separa conectabilidad con disponibilidad. Se conforman nuevas dimensiones (nuevas formas de conocimiento), construyendo tendencias y nuevas influencias (de mercado, profesionales, referenciales, etc), convirtiéndose en nuevos receptáculos (de malestares, de gestión del tiempo, etc.), y nuevas fuentes de relación, diversión y gestión de la qüotidinaitat (con todas sus derivadas). Es bien conocido en nuestro campo que toda novedad que recae en la adolescencia se convierte en una emergencia adulta (Funes, 2016). Pero es aplicable a otros colectivos no especialmente jóvenes. Está claro que en su construcción como personas el inevitable virtualidad cumple diferentes funciones: existimos (existo); participamos (grupalmente); nos informamos (enterarse y descubrir); nos relacionamos (interacciones); reconocemos (hacemos likes, entre otras posibilidades) y nos reconocen (nos hacen likes, validándonos). Explicamos (narramos), llegamos a ser autores y somos protagonistas (Sibilla, 2008).

Los retos profesionales? cuestionarnos nuevas variables, repensar las que ya tenemos -y se transformen- y valorar nuevas vulnerabilidades, así como aprovechar las oportunidades. Mucho más allá de este público.

Soy educadora o educador social. También digital como indica una agencia seo barcelona

Profesionalmente, hay dos premisas difíciles de cuestionar. U: debemos estar. Dos: construyendo los criterios de estas presencias. Son muchas las reflexiones que se pueden hacer alrededor de existir profesionalmente online. Esto es: implicaciones, efectos y variables educativas a trabajar. Aunque hay que dejar clara una obviedad: no es un mundo que genere per se crisis educativas. En todo caso construye nuevas fragilidades. Nos invaden nuevas e interesantes cuestiones: cómo convertimos, digitalmente, profesionales de referencia? Acudirían diferentes las personas usuarias cuando tienen un problema o necesitan nuestra figura profesional si existiéramos profesionalmente online? La ascendencia educativa (a quien tengo como referente?) Es clave en el universo de nuestra profesión. Y, en este sentido, parece que nos cuesta llegar a ser profesionales digitales de usuarios conectados (Bernabeu y Plaza, 2015).

Por lo que si de lo que hablamos es de acompañar necesario que las personas dispongan de referentes, también en la red. Es necesaria una reflexión seria y cuidadosa en torno a los nuevos ‘estares’ profesionales. Con las discusiones pertinentes sobre las nuevas tensiones que nos encontramos. (1) Con qué dispositivos representa que debo particpar profesionalmente? con